En 1998, me envían por El Nacional con el presidente Rafael
Caldera a la cumbre del Caricom a Santa Lucia. Viajo en el avión presidencial
con otros colegas, que me ignoran porque soy una debutante que nadie conoce. A
la final, me hice amigos de los colegas del Caribe, a quien -por mi inglés- les
hice el puente para que entrevistaran e hicieran contacto con las autoridades
venezolana. Estos colegas caribeños, a quienes acababa de conocer, me invitan en
agradecimiento a almorzar y me dicen que me tiene un “postre” sorpresa. El
almuerzo transcurre y el famoso postre no aparece. Les pregunto, y me dicen que
la postre sorpresa es otro lugar. Caminamos por el hotel donde se realiza la
cumbre hasta una habitación, y los colegas me dice riendo: “toca la puerta, y tendrás
tu sorpresa”. Toco la puerta un poco confundida, y adivinen quien la abre:
Nelson Mandela. Casi no me desmayo. El líder sudafricano, ríe y me dice que mis
colegas le pidieron recibirme, por la deferencia que yo había tenido con ellos,
fue media hora inolvidable, off de récord. Ningún otro periodista venezolano
tuvo ese honor.
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