
De las tragedias como la de la familia Valero – Viera se puede aprender mucho y evitar que dramas como este se repitan. Mi hija de 12 años me preguntó en estos días porque el Inca Valero le pegaba a su esposa, Jennifer Carolina Viera, y que lo llevó a matarla de esa manera. “No existe ninguna razón para eso”, le contesté. Aproveché ademas para aconsejarla de manera que sea capaz de ver las primeras señales de la violencia contra la mujer. Y en esto muchas madres deberían también actuar. En primer lugar, hay que enseñarles a nuestras hijas que la violencia tiene muchas manifestaciones más allá de los golpes. Empieza con los insultos y la falta de respeto. Le dije que un muchacho que la insultara o usara con ella palabras soeces o vulgares era un síntoma de preocupación y que debia ponerle un parado a eso. Le pedí que no tolerara que sus amigos, hermanos u novios la irrespetaran de esta manera, ni insultos, ni menosprecio a la mujer. Aquí entra también la vejación y el menosprecio, en especial al referirse a su género. Ella me identificó algunos ejemplos de esto entre sus amigos, y me contó que los padres de esos jóvenes trataban así a sus esposas frente a ellos. Y finalmente le dije que jamás iniciara o continuara una relación de amistad o de noviazgo con un hombre que le levantara la mano. Lastima que Jennifer, como muchas otras mujeres, no recibiera a temprana edad estas advertencias.
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