lunes, 3 de mayo de 2010

Viejos y sin energía...electrica

Una de los síntomas de la vejez es que se duerme poco. Eso significa que en una casa los adultos mayores son los primeros en recibir el alba y colar el café. Son los que agarran ese periódico dobladito y ordenado, los que escuchan los primeros titulares de la radio, y los que más veo a las 6:30 am caminando por las calles para hacer ejercicios.
Los viejitos también son los primeros que llegan al mercado popular de la plaza de Cumbres de Curumo. Los veo aprovecharse de las mejores verduras y quesos blancos. Van con sus carritos de mercados con ruedas, caminandito, tranquilitos.
Pero esa costumbre tan sana de ser madrugadores no los ayuda ahora en este país con crisis eléctrica. Como la mayoría hace sus diligencias temprano, les toca sufrir en carne propia el ahorro energético que impuso el gobierno en los centros comerciales, que no pueden abrir a toda su capacidad antes de las 11 am.
Esta mañana vi al menos una decena de estos hombres y mujeres mayores dejar el bofe subiendo escaleras mecánicas apagadas. Otros optaban por las escaleras normales, pero el suplicio era el mismo: agarrados con fuerza de las barandas y parándose cada tantos escalones para agarrar aire, o pedirle al cuerpo que avanzara.
No se si hoy pagaban la pensión, pero la mayoría de estos ancianos iban al banco Provincial que esta en el primer piso de Centro comercial Galerías de Prados del Este. Para colmo, después de alcanzar la cuesta, ni siquiera tenían el consuelo de salir rápido usando la cola preferencial para las personas mayores, esta era tan larga o mas que la normal. No quiero saber de los que querían ir a Banesco, que se encuentra otro piso mas arriba…

Aprender de la tragedia


De las tragedias como la de la familia Valero – Viera se puede aprender mucho y evitar que dramas como este se repitan. Mi hija de 12 años me preguntó en estos días porque el Inca Valero le pegaba a su esposa, Jennifer Carolina Viera, y que lo llevó a matarla de esa manera. “No existe ninguna razón para eso”, le contesté. Aproveché ademas para aconsejarla de manera que sea capaz de ver las primeras señales de la violencia contra la mujer. Y en esto muchas madres deberían también actuar. En primer lugar, hay que enseñarles a nuestras hijas que la violencia tiene muchas manifestaciones más allá de los golpes. Empieza con los insultos y la falta de respeto. Le dije que un muchacho que la insultara o usara con ella palabras soeces o vulgares era un síntoma de preocupación y que debia ponerle un parado a eso. Le pedí que no tolerara que sus amigos, hermanos u novios la irrespetaran de esta manera, ni insultos, ni menosprecio a la mujer. Aquí entra también la vejación y el menosprecio, en especial al referirse a su género. Ella me identificó algunos ejemplos de esto entre sus amigos, y me contó que los padres de esos jóvenes trataban así a sus esposas frente a ellos. Y finalmente le dije que jamás iniciara o continuara una relación de amistad o de noviazgo con un hombre que le levantara la mano. Lastima que Jennifer, como muchas otras mujeres, no recibiera a temprana edad estas advertencias.